domingo, 3 de febrero de 2013

¿Y si resucito por segunda vez?

¿Qué me dicen, amigos?
Resulta que mi etapa en el Purgatorio ha llegado a su fin...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿The End? Casi seguro...

Es bastante probable que deje de escribir definitivamente en este blog,
pero como tampoco quiero eliminar forever and ever La Arcadia Infeliz del espacio cibernético
(aunque con ello corra el riesgo
de convertirla en basura ciberespacial)
la dejaré tal cual, por ahí, flotando,
por si alguien quiere leerla.

Es bastante probable que el señor Grecco
se vaya el año que viene
(¡falta sólo un mes!)
a su bonita isla mediterránea
para iniciar una nueva vida
y que no vuelva a esta ciudad cantábrica
en mucho tiempo,
pero, de todos modos,
dejaré este
The End
abierto.

Y por esto ,
ni me despido
ni doy las gracias...

jueves, 21 de octubre de 2010

Bolaño


Oda al escritor triste
de la mirada desapasionada, sincera, real...
"¿Cómo quiere que le mire si sé cómo funciona todo?",
parece querer decirnos esa pupila oscura
tras la lente talentosa de monstruo ejemplar.
Él siempre se supo desgraciado
pero luchó sangre y tinta
por ser leído,
y nunca dejó de seguir escribiendo.
Acumuló rechazo tras rechazo,
ninguna editorial le quería,
y en su pluma de exhiliado
americano, latino, del sur,
en tierras catalanas,
no cesó en su empeño:
siguió tejiendo vidas sobre el papel.
Él sabía que algún día jugaría en primera
pese a que su profesión despertara
la burla amable
de su fauna humana.
Era pobre, no publicaba, pasaba frío
y miseria,
y su único patrimonio eterno
lo constituían unos cuantos recuerdos,
unos buenos, otros gamberros, malos el resto...
Pero él, él seguía creando y maquinando lo irreal, ¡qué más le daba lo demás!
Se sabía escritor y acataba con responsabilidad infernal
su tarea, don, deber...etc.
Acabo de ver un buen documental
sobre su vida y milagros (¿se nota?).
Bolaño alcanzó la fama en la mitad de la cuarentena
(tras un puñado de premios literarios
más bien humildes),
y murió apenas inaugurado
el tercer milenio.
Bolaño, de nombre Roberto...
Sólo he leído sus cuentos,
sus detectives salvajes y su número
bestial
me aguardan
en algún oscuro y polvoriento rincón de la
biblioteca del casco viejo.
Las buscaré, las obras del bueno de Bolaño...
Bolaño, el ¿infrarrealista? El que inventaba personajes
a raíz de seres y amigos de su entorno,
y cuando éstos se portaban mal
amenzaba con asesinarlos en la ficción.
Qué cosas...Y dicen en el documental que
como la gloria le llegó tras haber vivido
mil y una calamidades,
todas las paridas de la celebridad paperil
no le afectaron lo más mínimo:
le pillaron duro y frío como una roca ártica.
Buen ejemplo a seguir, ¿no?
Por cierto, amaba "La invención de Morel",
libro que anda por casa. Lo leeré...
Y por cierto, se burlaba de los pequeños certámenes literarios
que saturan España.
Este sábado,
Servidor va a recoger uno...
Dios te tenga bien guardadito,
en la suite de los escritores
malditos
(amigo
Bolaño).

El Destino no existe...


no nos engañemos...
Es bonito cederle a otro
toda la responsabilidad de lo que
nos pase,
SÍ,
pero no es ni justo,
ni racional,
ni maduro.
El Destino no existe,
si es que llegaste a pensar,
oh, ingenuo,
que la veleta de tu existencia
correría a cargo
de otro,
ente abstracto,
padre o madre,
dados malditos,
cara o cruz
de una moneda criminal.
No es así,
el Destino, el Dios, el ser superior,
varita mágica, ángel de la guarda,
querubín custodio,
no existe, es superchería,
aire, sueño, imposible.
De ti depende todo,
el cómo vivas,
el cómo
termines tus días.
No esperes que sea un embuste
el que dirija tu nave:
naufragarás en la más honda
DECEPCIÓN.

viernes, 15 de octubre de 2010

Ella

escribe para que la amen, para que la quieran, para que le recuerden que está viva, joven y sana...

Escribe para que le remarquen: "¡Un, dos, tres: despierta!" La vida es ESTO, o lo tomas, o lo dejas...

Ellla...Qué pena me da...Siempre, tratando de dar pena a los demás...

Ella...Que se conoce de sobra las reglas del JUEGO, pero que se hace la tonta...Tonta, TONTA, tonta...

Ella...Le da el hipo cuando bebe más de la cuenta (últimamente, bebe más de la cuenta a menudo) y cree que ÉL vendrá a salvarla...Estúpida, pobre, me das una mezca de PENA y ASCO...: ¿no sabes que sólo te tienes a ti misma? Él NO existe...

Ella...Si alguien se diera cuenta, si alguien se dejara ser ayudado por ti mientras te ayudara...Las cosas te irían mejor...

Ella...Torturas tu cuerpo y tu alma, ¿acaso te crees inmortal?

Ella...Tu cuerpo te vence (una vez más): vete a dormir, que lo necesitas...

jueves, 7 de octubre de 2010

Yo...


pero qué tonto he sido, ¡por Dios! Qué tonto, sumamente tonto...
En todo, quiero decir...Sobre todo en cuanto al amor, EL AMOR, Amor, amor...

Pensé que las cosas se harían solas, y que solas surgirían, se perfeccionarían y estallarían...

Y no, no es así...
La vida es esfuerzo; la vida es sufrimiento, trabajo y recompensa y todas esas cosas que predicaban nuestros padres como autómatas (sin que nosotros les creyéramos, acusándoles de exagerados).
Qué estúpido fui al considerarme especial, independiente, clásico, individualista, digno (sobre todo, digno), merecedor de que todo se hiciera según mis deseos sin que yo tuviera que mover ni uno solo de mis pagados de sí mismos dedos...
Yo quería que la persona elegida me eligiera a mí, así de fácil, como en cuento de hadas, con un chasquido de dedos, sin que tuviera que hacer nada. Ella vendría y me diría: yo, te amo. Y el cielo se abriría en dos, y ambos, fundidos en un beso de azufre y glucosa, nos elevaríamos al dichoso firmamento, y reinaríamos por los siglos de los siglos empachados de amor inmortal. Y punto y final. Y todo, sin hacer nada. Amor, el amor: eso no es amor. Yo...Fui estúpido, ahora me doy cuenta. Lo único bueno de cumplir años: los hechos confirman las peores sospechas. La sencillez brilla por su ausencia a la hora de conquistar ambiciosas metas.
Por lo tanto...¡escúchenme, incautos lectores de La Arcadia Infeliz! Si aman ahora mismo, ¡confiésenlo a su idolatrado/a ahora mismo! No después, mañana, ni más tarde, ni cuando llegue el momento, se dé el caso o la savia del alcohol le haga a uno las entrañas de acero. No, ¡NO! Ahora-mismo. Declaren su amor a su amado ahora mismo. ¿El rechazo? No entiendo la palabra. Yo, en esta ocasión, les estoy enseñando a ser valientes. No me hablen de Fracasos Ejemplares. Pese a que de esa materia sé un rato, no es el momento de ilustrarles sobre ello...Aguarden. Y hoy hagan sus deberes: declaren su amor. Después, puede ser tarde...

viernes, 1 de octubre de 2010

Eclosión (paranoia otoñal)


La conjura de los tormentos pasados llegó a su fin,
y el pequeño y viscoso gusano nocturno
supo que era el momento:
de renacer en otro cuerpo.

Se encaramó a lo alto de la roída hoja,
que coronaba su casita arbórea,
así, a modo de altar,
y se deleitó en su imagen
de manjar sacrificado a los Dioses.

¿Su propósito?
Que aquella piel sucia suya,
abyecta, repugnante, usada de tanto
fingir vivir cuando en realidad
era un abrigo muerto y apestoso,
liberara a su verdadera esencia.

Un rayo de sol rasgó con suma saña
el firmamento azul y frío como
la sangre de un demonio,
y el pobre gusanito
miró a los inexistentes
seres divinos antes de
sacrificar su pestilente disfraz:

"Necesito un cambio de piel",
se justificó innecesariamente.

Y lo dijo, y lo hizo, y se arrancó
la carne densa a tiras...

Algunas gotas de sangre espesa
salpicaron los redondos ojitos del insecto,
inyectados en destructivo deseo,
y el gusano atormentado
se vio de pronto negro y extraño,
y dolorido.
Pero un dulce bufido
fue suficiente para que el último rasguño
de dolor, allá, en su tronco mínimo,
despareciera: voilà! Surgieron dos alas,
gloriosas, oscuras y rojas, ¡he aquí la mariposa!

El gusano ya no existía, la princesa del aire le sustituía.

La difunta piel arrancada se caía del arbol al suelo,
como basura, excremento, horror etc...,
y la mariposa iniciaba soberbia su vuelo.
A reunirse con los suyos, a matar con su Belleza.
Qué feliz era, cómo surcaba los aires...

Qué feliz,
aún no sabía que las mariposas
no viven
más de
dos
días.


Si lo hubiera sabido,
habría echado de menos
su apestosa carne
de repugnante
gusano,
que se pudría,
que desaparecía...